Guía · Vida diaria Internacional
Por qué las transiciones pueden ser tan difíciles
Casi nunca es la actividad siguiente la que causa el problema: es dejar la que está en curso. Apagar la pantalla, salir del parque, recoger para pasar a otra cosa. Esos cambios desatan tensiones que no guardan relación con lo que está en juego. Aquí está por qué cuestan tanto y qué ayuda realmente.
En pocas palabras
- Una transición exige parar, reorientarse y empezar otra cosa: tres operaciones, no una.
- Se apoya en la flexibilidad y la inhibición, de las capacidades más lentas en desarrollarse.
- El coste depende sobre todo de la distancia entre lo que se deja y lo que viene.
- La previsibilidad ayuda, pero por sí sola no siempre basta, y los datos son explícitos en ese punto.
- El cansancio y la carga sensorial encarecen mucho las transiciones al final del día.
Qué exige realmente una transición
Pasar de una actividad a otra no es un cambio de decorado. Hay que interrumpir lo que está en marcha (resistir el impulso de seguir), soltar lo que se tenía en la cabeza, representarse lo que viene y volver a arrancar.
Esas operaciones descansan en la flexibilidad y la inhibición, dos capacidades que tardan años en desarrollarse y que varían mucho de un momento a otro en un mismo niño.
La distancia pesa más que el cambio en sí: dejar algo muy absorbente por algo poco atractivo cuesta mucho más que al revés. No es terquedad: es una diferencia de precio.
Qué dicen los datos, sin ampliarlos
La previsibilidad es la vía mejor documentada: anunciar, hacer visible lo que viene y mantener referencias estables ayuda a muchos niños.
Pero hay un matiz que conviene conocer, porque la mayoría de los contenidos divulgativos lo omite: en trabajos que probaron los horarios visuales SOLOS, estos no redujeron los comportamientos problema al pasar de una actividad preferida a una no preferida. Lo que marcó la diferencia fue lo que se añadió alrededor.
Dicho de otro modo: un apoyo visual es una buena herramienta, no una solución en sí. Si en su casa no funciona, no significa que lo esté haciendo mal.
Qué puede intentar
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Anuncie el final en lugar del principio: «dos vueltas más y recogemos» funciona mejor que «ahora vamos a cenar».
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Haga visible el tiempo (un temporizador, un reloj) en lugar de dejarlo a la estimación.
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Construya un final nítido y previsible: la misma señal, la misma fórmula, siempre.
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Deje rastro del trabajo interrumpido cuando sea posible: lo que se podrá retomar se suelta más fácil.
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Reduzca el NÚMERO de transiciones en los ratos de cansancio, en vez de mejorar cómo se anuncian.
Qué puede observar
- Qué transiciones van bien: describen las condiciones que funcionan.
- La distancia entre lo que se deja y lo que viene después.
- Cuánto aviso se da y cuál es la cantidad que mejor le conviene.
- La hora del día: la misma transición no cuesta lo mismo a las 9 que a las 17.
- Qué ayuda a retomar una vez pasado el cambio.
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Fuentes oficiales
- Journal of Applied Behavior Analysis (PubMed Central) · Separate and combined effects of visual schedules and extinction plus differential reinforcement on problem behavior occasioned by transitions
- PubMed Central · Interventions for Transition-Related Challenging Behavior in Individuals with Disabilities: A Targeted Research Synthesis and Meta-Analysis
Información consultada el 20 de agosto de 2026.
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